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Sahagún EN 1752 (IV): LOS OFICIOS LIBERALES

Joaquín García Nistal

Universidad de León

 

El año pasado finalizamos el tercer número dedicado a conocer cómo era Sahagún en el año 1752 (hace ahora 274 años) a partir de la información recogida en el Catastro de Ensenada sobre los oficios artesanales. Pero nuestra villa, que por entonces contaba con la nada desdeñable cifra de 441 casas habitables y unos 1 681 habitantes seglares más 160 religiosos, poseía un abanico de actividades mucho más amplio. Dentro de las que podríamos calificar como profesiones liberales, Sahagún tenía un variado repertorio para cubrir tanto sus necesidades como las del resto de poblaciones de su término jurisdiccional.

En una España marcada por el creciente control fiscal del Estado borbónico, los oficios vinculados a la burocracia y la administración cobraron especial protagonismo. Esa es la razón por la que Sahagún contaba por aquel entonces con 4 escribanos, 2 notarios y 3 escribientes oficiales. Aunque con frecuencia los dos primeros se han utilizado como sinónimos, en el siglo XVIII, generalmente, el término escribano designaba a aquellos que, autorizados por la Corona, daban fe sobre asuntos estatales y civiles, mientras que el de notario se usaba para quienes hacían lo correspondiente con los de carácter eclesiástico. Los mencionados 4 escribanos eran numerarios o del número, es decir, eran quienes formaban el numerus clausus o cupo fijado para la villa en un total de cuatro. Juan Felipe de Godos lo era también del ayuntamiento y millones, lo que suponía gestionar y registrar la fiscalidad del gobierno municipal, así como la renta de millones: un impuesto indirecto que se aplicaba a productos básicos de consumo como la carne, el aceite o el vino y que desde finales del siglo XVI engrosaba las arcas reales y con el que se financiaban las guerras, entre otros gastos. Juan de Espinosa Ballestero y Jerónimo de Mata y Puerta eran, además de numerarios, escribanosde Su Majestad; lógico si tenemos en cuenta que la villa era de realengo y, por tanto, pertenecía directamente a la Corona. Varios de estos escribanos, además, actuaban al mismo tiempo como notarios. Tal era el caso del citado Juan de Espinosa, que ejercía igualmente como notario mayor de la abadía, o el cuarto de los numerarios, llamado Manuel Palomino, quien desempeñaba al mismo tiempo el cargo de notario público y apostólico. También, algunos de ellos, como Juan Felipe de Godos y Juan de Espinosa, eran contadores titulares, por ser quienes realizaban las labores recaudatorias; el primero en el casco urbano y segundo en el coto de Sahagún.

Al servicio de estos escribanos solían estar los escribientes oficiales de pluma; un oficio escasamente reconocido, que en Sahagún era ejercido por Jacinto Barrera, Santiago de San Juan y Dionisio Ignacio Salazar, y sobre el que recaía la mayor parte del trabajo escriturario de estos escribanos y notarios.

También desempeñaban un papel fundamental desde el punto de vista fiscal los 5 administradores existentes entonces. Pedro Fernández López percibía el elevado salario de 3 542 reales anuales por administrar lareal renta del tabaco, es decir, por recaudar los ingresos ordinarios generados por el monopolio que la Corona tenía sobre este producto y que era uno de los pilares fundamentales de la Hacienda española. 2 750 reales al año percibía Manuel Fernández Flórez por administrar el Real Alfolí de la sal, lo que significa que nuestra villa contaba con un alfolí o almacén de propiedad real donde se guardaba y comercializaba este valioso producto. Por su parte, José de la Puerta rentaba 1 200 reales por ser administrador y prioste del cabildo eclesiástico de Sahagún; y 700 reales Santiago Duque por hacer lo propio con las obras pías y dotaciones de huérfanas y huérfanos de Coronel y Vecilla. Las primeras hacían alusión a la obra pía destinada a las huérfanas pobres y de buena conducta que, desde 1642, había fundado el doctor Jerónimo Coronel Velázquez, que fue juez ordinario del tribunal de la Santa Inquisición y provisor de las catedrales de León, Astorga y Valladolid. Su sepulcro en arcosolio, epitafio y escudo pueden verse todavía hoy (junto con el de sus abuelos y hermano y muy deteriorados por las filtraciones) en el transepto meridional de la iglesia de San Tirso, de la que también Jerónimo Coronel fue párroco. Por su parte, las segundas obras pías hacían referencia a las dotaciones de huérfanas de las villas de Sahagún y Saldaña y que fueron fundadas por el Dr. Luis de Vecilla y Pedrosa (abogado y notario mayor de la abadía de San Benito) a partir de los cuantiosos bienes legados por sus padres Luis de Vecilla y Mariana Pedrosa de la Serna.

El último de los cinco administradores de Sahagún era Carlos de Soto, que cobraba 800 reales por administrar las “capillas de Mechoacan”, un dato del que no hemos hallado más referencias, pero que probablemente aludiese a algunas de las construcciones evangelizadoras realizadas en Nueva España (Michoacán. México) durante el siglo XVI.

Dentro de las tareas de tipo financiero, también destaca la existencia, en Sahagún, de 2 comisionistas llamados Vicente Medina y Santiago Duque, que cobraban 440 y 300 reales anuales, respectivamente.

En un momento de creciente complejidad del sistema procesal, tampoco faltaron los oficios de tipo jurídico, como los 3 abogados existentes. Manuel de Torres y Pedro Vélez eran presbíteros y únicamente Juan Francisco Salzedo era abogado seglar, lo que evidencia el peso que aún tenían los clérigos y el derecho canónico. A pesar de la exigencia formativa que requería la abogacía hasta poder ejercerla, las sumas de sus salarios, declarados en 3 300, 1 100 y 2 200 reales anuales, respectivamente, indican unas cuantías muy variables y no excesivamente elevadas en comparación con otros oficios liberales.

Desde el punto de vista de los oficios de carácter jurisdiccional, Sahagún también contaba con 3 procuradores de causas y 3 alguaciles. Los primeros, llamados Melchor de Torres, Bernardo de Villapadierna y Juan Vacas, representaban o gestionaban los intereses de terceros en pleitos y causas, mientras que los segundos ejecutaban los dictámenes de jueces o autoridades de diversa condición. En nuestra villa consta un alguacil de la audiencia eclesiástica, oficio que consistía en ejecutar lo dictaminado por el tribunal eclesiástico (en numerosas ocasiones eran trámites burocráticos como dispensas matrimoniales y certificados de soltería) y que recaía en el ya citado procurador Bernardo de Villapadierna. El también mencionado Juan Vacas era el alguacil mayor de la real, quien, por un salario de 550 reales anuales, ejecutaba las sentencias de los tribunales reales (ya que nuestra villa dependiente directamente de la Corona); 

y, por último, se da noticia de un alguacil llamado Manuel García, quien, además, era alcaide (y por lo tanto responsable de la gestión) de la cárcel de Sahagún.

En un momento en el que la sanidad estaba al alcance de muy pocos, Sahagún contaba con 2 médicos. Uno de ellos, Julián de Sarabia, era el médico titular del Real Monasterio de San Benito, por el que cobraba un total de unos 4 000 reales anuales. El segundo, llamado Antonio Palomino, era el médico que trabajaba al servicio de nuestra villa por un total de 3 300 reales, y cuyos honorarios eran sufragados por el común gracias al uso de un tributo aplicado a la cántara de vino de todo lo que se vendía al por menor.

Por razones económicas, durante estos siglos fue más frecuente, en cambio, la asistencia por parte del colectivo de barberos-cirujanos y sangradores. Sahagún tenía por aquel tiempo 4 cirujanos y barberos sangradores llamados José Gutiérrez, Miguel Martínez Cisneros, José de la Puerta y Agustín de Castro, aunque de este último se especifica que era únicamente barbero y sangrador. Y es que, aunque en siglos precedentes la figura del barbero-cirujano fue una misma, con el paso del tiempo ambas categorías se separaron, dando lugar a los cirujanos que desempeñaban labores relativas a la medicina quirúrgica y los barberos sangradores (que aquí también desempeñaban los anteriores) y que, por lo general, se dedicaban a realizar pequeñas sangrías, curas de abscesos o extracciones de muelas.

Por último, en un momento en el que la educación aún no era una responsabilidad estatal, la iglesia, ayuntamientos y vecinos costeaban una enseñanza básica como la que impartía Santos Moreno, único “maestro de primeras letras” de la villa, que recibía una renta anual de 1 100 reales por dar nociones básicas de lectura y escritura (rara vez alguna de conteo) a menores que se situaban generalmente entre los cinco y los diez años de edad. A pesar del tópico que vinculaba esta profesión a condiciones de penuria económica, su situación era bastante más desahogada que la de Santiago Duque y Francisco Canizo [sic], cuyo jornal anual ascendía a 550 reales por ejercer como maestros de gramática, lo que implicaba también la existencia en Sahagún de unas escuelas de “educación secundaria” en las que se enseñaba latín, que seguía siendo la lengua fundamental para acceder a determinados sectores de la sociedad, aunque no asequible a todos los bolsillos.

Como se ha podido comprobar a lo largo de los artículos de estos años, Sahagún gozaba en el año 1752 de una importante variedad y cantidad de infraestructuras y oficios que dan buena cuenta de la notoriedad que mantenía como núcleo poblacional, pero estas ventajas también llevaban aparejados varios gravámenes o impuestos a los que nos acercaremos el próximo año. CONTINUARÁ…

 

Pies de imágenes

Fig. 1. Vista de Sahagún hacia 1860-86. J. Laurent. Archivo Ruiz Vernacci, IPCE, Ministerio de Cultura

Fig. 2. Sepulcro en arcosolio de Jerónimo Coronel Velázquez (izquierda), hacia 1644. Iglesia de San Tirso. Sahagún (fotografía: Víctor J. Gutiérrez Alonso)

 

Auge y Ocaso de la Universidad de Sahagún.


Esta es una de las veinticinco páginas de que consta el manuscrito del año 1534 o memorial donde se habla del paso, de lo que fue una Casa de Estudios Generales a una Universidad por medio de una bula del papa Clemente VII.
El documento es un minucioso memorial o índice de declaraciones de testigos extraído de un pleito o investigación formal sobre la conducta y la administración del abad de Sahagún refiriéndose a la época en que la comunidad benedictina gestionaba la Universidad de Sahagún.
Se presenta un resumen de los puntos claves contenidos en estas páginas estructurado por los temas principales que denuncian o describen los testigos.
1- Régimen de clausura y visitas de mujeres: Múltiples testigos señalan que en el monasterio no se guardaba la clausura debida. Se menciona de forma reiterada la entrada de mujeres al recinto monástico y a los aposentos. El folio 138 y el folio 236 indican que el abad permitía o no evitaba estas situaciones, mencionando palabras o comportamientos inapropiados frente a los monjes.
Se relata que algunas mujeres entraban vestidas de hombres o de noche de forma disimulada para no ser vistas, lo cual causaba gran escándalo y alteraba la paz de la comunidad.
2- Uso de la fuerza y el miedo: varios folios describen un clima de opresión psicológica y física ejercida por el abad hacia los religiosos que se oponían a su gestión o que querían denunciar los hechos.
El folio 135 describe que la paz infundía gran temor y miedo a los monjes, utilizando voces de amenazas fuertes para que callasen y no declarasen en su contra.
El folio-237 detalla como el abad usaba palabras injuriosas y deshonestas contra la religión y contra los monjes que le contradecían creando divisiones en el coro y en el claustro.
El folio 69: el testigo Fray Lorenzo afirma que el abad amenazaba con castigar o privar de sus hábitos a los monjes que no le obedecían ciegamente.
3- Mala administración del colegio y desvío de fondos:
Los testigos hacen hincapié en que el abad no cumplía con sus obligaciones fundamentales respecto al mantenimiento de la Casa de Estudios Generales.
El folio 179 (testigo Fray Diego de Castro) denuncia que el abad trataba muy mal a los monjes estudiantes y que no proveía el sustento necesario en las celdas, obligándoles a pasar necesidades.
El folio 134, los testigos (entre ellos fray Alonso de Paulo) declaran que el abad debía dar y mostrar cuentas claras de las rentas asignadas al colegio, pero que retenía los fondos o los gastaba en fines ajenos a la educación, provocando la decadencia del estudio y la dispersión de los estudiantes.
4- Castigos arbitrarios y privación de alimentos.
Rigores ilegítimos: se constata que aquellos que intentaban testificar en las vistas canónicas o ante los jueces ordinarios sufrían represalias directas.
El texto menciona que a los monjes disidentes se les quitaba la ración de comida, se les impedía asistir a los actos comunes o se les confinaban en celdas de castigo, todo ello con la intención de alterar el curso de la justicia (por qué no dijesen la verdad).
Estos escritos son el registro de cargos criminales o de visita ordinaria que desglosa el probatorio contra la autoridad del monasterio, su valor radica en que estos documentos relatan el deterioro interno y las tensiones institucionales que sufría el monasterio de San Benito de Sahagún en la primera mitad del siglo XVI. Este tenso ambiente administrativo y disciplinar ayuda a comprender los problemas de gestión que, junto a las posteriores decisiones políticas de la corona propiciaron el declive del centro y su posterior traslado.
Aproximadamente esta universidad estuvo en Sahagún ejerciendo como tal unos 90 años hasta que debido a los problemas que tenían, como hemos comprobado, los monjes con el abad y también que en Europa predominaba ya el luteranismo, y no queriendo el Rey Felipe II, que ningún estudiante fuera a estudiar al extranjero, ordenó a los monjes trasladarla a otro monasterio benedictino que se llama Santa María la Real de Irache, próximo a Pamplona.

Fuente: José Antonio Méndez Cancelos.

 La Peste Negra en Sahagún

"....Y como la villa estaba pobre y menguada,no habiendo y gentes según que antes de las mortandades había, porque los más deellos eran muertos; y los que eran en la villa se ermava, y era yerma y pobre de algos y se yermaria más de aquí adelante si no catasen manera en que no se hiermare...."

Con estas palabras el concejo de Sahagún respondía al rey Don Pedro I el 29 de agosto de 1364. El monarca, dirigiéndose a la villa, concejo y vecinos de Sahagún, había ordenado a los alcaldes que le enviarán treinta ballesteros.

¿ Afectó la Peste Negra de 1348 a la villa de Sahagún o al dominio del monasterio?

La evidencia documental apunta a una respuesta afirmativa. Comenzamos por los testimonios más o menos directos del año 1364, es obvio que en Sahagún hubo " mortandades ", esto es oleadas de mortalidad extraordinaria.

Hubo una " primera e grande pestilencia que es llamada grande " es la causada por la Peste Negra de 1348, tuvo lugar una segunda sería epidemia de Peste entre 1363 y 1364, ambas habrían afectado a Sahagún.

El impacto de la pestilencia, en la documentación del monasterio, las referencias a mortandades son escasas y las que hay no especifican, ni el volumen ni los grupos de población afectada, se puede observar que entre septiembre de 1348 y febrero de 1349, se suceden con mucha frecuencia la implantación de nuevos clérigos en las iglesias dependientes del monasterio.

En 1349, uno de estos clérigos, el de la iglesia de San San Martín, en las afueras de Sahagún, apela al Abad del monasterio, para que le deje residir dentro del recinto de la villa, a lo que el abad accedió.

Le entrego una casa en el barrio de Burgo Nuevo, ya que los feligreses de San Martín, se habían reducido considerablemente a consecuencia de la Peste Negra.

Al menos para los hombres y mujeres de 1364, miseria y muerte iban pareja. La relación entre ambas realidades la establecía el concejo de la villa cuando en ese año definía a ésta como " pobre y menguada".

Documentación del Archivo Histórico Nacional, en relación con algunas iglesias dependientes del monasterio.

Acuerdo de cambio de derechos de patronazgo en San Lorenzo de " Villa Pecenin" (Villapeceñil) de 600 maravedís a 400 maravedís " si se poblase el lugar que el censo sea acrecentado".

El camarero conviene con el clérigo de Castellanos en rebajar los derechos del patronazgo, hasta entonces el clérigo debía dar una piel de cordero " vestidura", ahora debe dar tres fanegas de pan.

El sacristán de Sahagún entrega la iglesia de San Salvador de Villacerán por 12 cargas de centeno, sin embargo accede a qué el clérigo pagué solo 10 fanegas al año los cuatro primeros años y 20 fanegas los dos años siguientes.

En 1348 el abad Don Diego entrega a Alfonso Pérez, clérigo de Cea y morador en Santérvas, la cura de la iglesia de San Salvador de Galleguillos, por la renuncia de Bartolomé Pérez.

Fuente: Asolciación Cultural Balle de Scapa

 

 

HOSPITAL DE LEPROSOS- SIGLO XII- XV

San Nicolás del Real Camino

San Nicolás Del Real Camino, es un pueblo situado en el Camino Francés, en la provincia de Palencia y a pocos kilómetros de Sahagún y del Monasterio de Santa María de Trianos. El hospital tuvo dos partes diferenciadas, una para peregrinos y otra para leprosos, fue fundado en 1195, cuando el rey Alfonso VIII, cambia a los templarios esta iglesia, con todas sus posesiones, por la de San Miguel de Moral.

D. Tello Pérez, fundó este hospital, fue un gran magnate castellano, lo entregó para su cuidado y administración al Monasterio de Agustinos Regulares de Santa Maria de Trianos y aunque dependía del Abad, este tenía autonomía plena. En si, tenía sólo trece camas, y quedó exentó de impuestos y protección por mediación de Alfonso VIII.

El prior es elegido por el Abad de Trianos, y funciona como un priorato, las operaciones económicas las realiza el prior, bajo la supervisión del Abad y el patronato queda en manos de D. Tello Téllez. El cuidado de las almas está encomendado a tres canónigos y dos capellanes, los primeros atienden a los feligreses de la villa, un capellán está encargado de cantar misa a los leprosos y el otro atiende el hospital.

La alimentación será igual a la de los canónigos, consiste en, vino, carne, manteca, queso, pescado, aceite y productos de la huerta. Los enfermos dispondrán, para su vestido, capa,camisa, lenzuelos y pieles. El hospital tiene bienes en Villavelasco, Villazanzo y Carbajal, en el Valderaduey, en Villalmán, Villacreces, Castellanos, Sahagún, Banecidas y Tordillos. También varios molinos en el río Cea, el ganado predominante fue el lanar, así en verano, subían hacia el Valderaduey y en invierno a Albuquerque.

El trigo, la cebada, la vid y los huertos, fueron parte de las explotaciones, así como la lana y el lino, eran entregados a los campesinos, para que ellos trabajarán y luego adquirir el producto.

Fuente: Asociación Cultural Balle de Scapa. Facebook

 
 

Monasterio de Sahagún. Siglo XVIII

El monasterio de San Benito el Real de Sahagún debe su potencial económico a su gran patrimonio territorial diseminado por la provincia de

 León y aledañas, una parte considerable se encuentra en los términos de Sahagún, dónde está asentado el edificio conventual y dónde más se hace notar la dependencia de los campesinos respecto a los monjes.

Las distintas descripciones del siglo XVIII acerca de los límites de Sahagún discrepan entre sí, de este modo para el apeo que se hizo en 1752 para la Única Real Contribución.

" El término de la villa de Sahagún, en la que están

inscritos los de San Pedro de las Dueñas, Villalebrín,

Villapeceñil, Palazuelo, Codornillos, Calzada y

Valdelaguna"

La familia monastica no había dejado de crecer al ritmo que aumentaban las propiedades de la comunidad y se imponía una administración más racional de los dominios.

Por ello se habían ido definiendo los "oficios" Padre Mayordomo, P. Granero, P. Bodeguero, P.P.Priores, dedicándose la mayoría de los monjes a tareas improductivas. En 1751 habitaban el monasterio de San Benito, 88 monjes, incluido 13 legos, mientras 14 monjas componían el convento de Santa Cruz.

Si a esto añadimos 63 religiosos más entre presbíteros, ordenes menores y misioneros del convento de San Francisco, obtenemos una cifra elevada de clérigos, la población de Sahagún era de 431 vecinos.

Dentro de las profesiones de los habitantes de Sahagún, a las tareas del campo se dedican 238 jornaleros, 64 labradores, 106 hijos y criados mayores de 18 años, 5 guardas de campo y ganados, 19 pastores, y 7 soldados milicianos.

La Congregación benedictina había ido evolucionando desde su primitivo rigor hacia una organización interna y unas leyes más flexibles, los frailes podían romper la clausura para servir en las parroquias, se les permitió comer carne cuatro días a la semana y desapareció la sencillez en el monasterio.

Está merma disciplinaria es paralela a un olvido de las funciones sociales del monasterio,. Las " raciones reales" que estaba obligado a repartir entre 18 pobres, se habían reducido, las parroquias estaban desasistidas.

El colegio que regentaban los monjes, heredado del estudio medieval y de las cátedras de Arte, Teología y Cánones, se había cerrado en 1735.

Este proceso halla eco en San Benito de Sahagún, dónde se repiten las censuras de los abades para poner límites al paseo de los monjes bajo pena de excomunión, para que en tiempo de recreación, no entren en la casa donde viven las amas de Valdelaguna.

 

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